El follamigo que no fue

Y llegó el día: mi vida monopene ha acabado.

Siendo sinceros estaba durando mucho, y más teniendo en cuenta la relación rara, rara, rara que llevaba con “Peditos”. Porque no éramos novios, pero tampoco follamigos. Los dos sabíamos que la relación tenía fecha de caducidad y es que no pegamos ni patrás.

Nunca podría estar con alguien a quien le gusta el frío, la montaña y madrugar. Esto es así.

No le puedo llevar a la playa,  ni a destinos paradisíacos ni a África porque odia el calor y se quema.  Siendo yo el desastre personificado, alguien tan ordenado y escrupuloso como él, sufriría a mi lado. Mucho.

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Yo, un día cualquiera.

Y lo más alarmante: NO FOLLA CON LA REGLA, ni el primer día, ni el último ni el último del último. Una relación que me tenga 6 días (¡¡LA QUINTA PARTE!!) al mes sin tocarme ni con un palo está abocada al fracaso.

Que sí, que ojalá todas las pegas en la vida fueran esas, pero mi soltería e independencia están muy cotizadas. Aunque según mis amigas en verdad me estaba autoboicoteando, y para reafirmarme en mi soltería me empeño en darle importancia a las pegas (y en buscarlas donde no las hay).

Aunque ya no hay pegas que sacar porque me ha dejado. Como buen ejemplo de homo cobardus, le faltaron huevos para dejarme claramente. Bueno, en verdad, no sé si le faltaron dos cojones para hacerlo o es que los tiene cuadrados por hacerlo como lo hizo.

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¡Holi! Somos los cojones de Peditos.

Verdad es que yo tenía claro que esta relación tenía fecha de caducidad, pero aún así que si cine para arriba, que si cena para abajo. Que si ahora te recojo,, que ahora te llevo y, claro, una (por muy salida que esté) no es de piedra y le cogí cariño al maldito Airwick y digo “maldito” porque como todos los mosquitos muertos, las mata callando.

Haciendo honor a su mote, Peditos fue desapareciendo gradualmente (como el aroma del Airwick por el pasillo):

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Airwick dispersándose

1ª fase:

Peditos se ha dado cuenta de que llevamos vida de novios y resulta que me está cogiendo mucho cariño, que no me quiere perder y que mejor que suavicemos la relación. Yo que no creo que ir al Telepizza y darle los buenos días signifique que vamos a acabar casados, no veía muy claro lo de ir con el freno echado.

Problema: somos menos que novios pero más que follamigos. Básicamente, nos llevábamos meses pasando por el forro la regla number one de la follamistad: la clandestinidad.

2ª fase:

Airwick se me pone a medio llorar, que dice que con sus anteriores rolletes (entiéndase rolletes por sus medios novias con las que hacía vida parejil como le gusta a él) lo pasó muy mal y no quiere repetir la situación. Que mejor no vernos tanto y, por inri, no follarme tan a menudo.

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¿Dejarme sin sexo? Veo lagunas al plan.

3ª fase:

Llegamos a la conclusión de que la mejor opción es ir a lo objetivo, y empezar a aplicar la otra regla que llevábamos meses saltándonos alegremente: la no exclusividad (o “lealtad” como la llamaba él). El poder liarnos con otros era un claro síntoma de que no somos novios y no vamos  a serlo. Tonta de mí, creí que la única en aprovecharlo sería yo, que para algo era la suelta de la relación.

Problema: Peditos puso cara rara cuando le dije que se podía follar a otras, pero no llevárselas a cenar. Tonta de mí, creí que era simplemente porque para él follar es más íntimo que ir al Mc Donald en plan parejil.

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No, si la rara voy a ser yo…

Al final, Airwick decide que la no exclusividad es inminente, porque vamos a dejar de vernos tanto y asume que a mí, como animalito hormonado que soy, no me puede tener a dos velas.

3ª fase:

Peditos me empieza a marear, ya no sólo me habla menos y me tiene a dos velas sino que me cambia los planes cada dos por tres. Lo que incrementa mis paranoias.

Aprovechando que me quedaba sola en casa, íbamos a quedar a cenar y a dormir. Al final solo cena. Luego se lo piensa mejor, y sólo polvo (no vaya a ser que lo de cenar sea muy de novios). Sin embargo, al final me propone ir primero de tiendas (mí no entender). Obviamente en el centro comercial, nos comportamos como simples amigos, no besos, no caricias. Pero, llamadme rara, pero en el momento aparcamiento, me apeteció darle un beso y se lo di. ¿Y qué recibí? Una COBRA. Sí,  tras casi tres meses liados ¡¡¡me hizo una señora COBRA!!

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¿Dónde está la cámara oculta?

Claro que sí, guapi. Aquí no te puedo dar un beso, pero en tres minutos, ya te puedo comer la polla en mi salón.

Y ahí,  en pleno aparcamiento mientras discutía con Peditos, tuve una revelación: esa es la razón por la cual los follamigos no se sacan a la calle: para evitar esas mierdas. Para no tener que pensar qué sitios son aptos para darte un beso y cuáles no, para no tener que estar midiendo tus actos a cuentagotas, para no tener que actuar de un modo totalmente distinto en cuestión de minutos.  Para no dar pie a malentendidos.

Al final fuimos a casa, lo hablamos y quedamos en simplificar la relación al máximo: no más cenas, no más salidas a la calle. Sólo polvos de vez en cuando y seguir hablando por whatsapp.

4ª fase

La no exclusividad me vuelve una loca der coño. Loca nivel: controlar la última de conexión  del Whatsapp cada 5 minutos y montarme películas en la cabeza. Mi vena Pitonisa Lola me decía que había otra.

Ni mi vuelta a la poligamia con mis polvetes esporádicos (ni las comidas de chichi que falta me hacían) me ayudaban a estar feliz con la nueva situación.

Así que evolucioné en agente del CSI (o Super-Loqui-del-Coño, según se mire) y llegué a la conclusión de que la única razón por la que se había ido a la cama un lunes de invierno a las 5 de la mañana (en mi ciudad a esa hora está cerrada hasta la farmacia de guardia) es porque había estado con otra.  Estaba claro, se había tirado toda la noche con la nueva dándole en el coche que yo sé que él es muy de intensivo de sexo en la primera cita (será el efecto de los gases).

Finalmente, le obligué a quedar para hablarlo y me lo acabó reconociendo: había otra.

Primera sensación. Yujuuuu, no estaba loca.

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Pero qué lista que soy.

Segunda sensación: ¡Que cojones! ¡Será cabrón hijo de puta el pedorro este!

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Obviamente no estaba deprimida porque se acababa la relación (era muy consciente de que eso tenía fecha de caducidad) sino porque él me había decepcionado. Tanto alabar mi sinceridad y él me timó de lo lindo.

No me digas cómo ni por qué, pero acabé consolándole en su coche. Me miente, me engaña con otra y encima me toca consolarle porque no para de llorar. Lo normal.

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Que te den por ese culo gaseoso.

ACLARACIÓN: No, no me he tirado 6 meses en vena monopene (hace 3 meses que lo dejamos pero no pude actualizar el blog antes). Sorry por el abandono 😦

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¿Ingenua o calientabraguetas?

Se ve que en el fondo soy muy inocente, o muy empanada, que también puede ser , y la acabo liando.

Los planetas se han alineado y por fin he dejado de ser ni-ni, y durante un mes me he venido a Madrid a trabajar y vivir. Todos los días sufro enamoramientos por la calle peroooooo como sigo monopene, me toca limitarme a violar con la mente a medio vagón del metro.  Como soy muy maja, seguía teniendo en Whatsapp a los chicos que conocí en mi época tinderiana, antes de  empezar con Airwick.  Y claro, dos de ellos viven en Madrid.

Cada vez que Peditos no baja al pilón, me acuerdo del Viajero que tiene una pinta de comer chichis que no es normal.

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Pero toca ser fuerte (al menos hasta que vea si lo de Madrid va para largo o me toca volverme a mi ciudad).

Afortunadamente para el techo de Airwick, el que me habló fue el amigo del viajero, bueno, amigo del viajero, de mi amor platónico y de un ex-rollo (maravillas de las ciudades pequeñas). Al final resultó que ese fin de  el amigo del viajero se bajaba a mi ciudad en coche y se empeñó en recogerme y que me fuera con él. Yo, que aún tenía el chip de “Tinder es maravilloso para conocer gente interesante y no todo el mundo busca polvos” pues le dije que muy bien, que así le conocía. Inocente pensé que sólo querría que le hiciera compañía en el trayecto porque obviamente yo soy muy salá e iba a amenizarle el trayecto. Claro que sí, guapi.

Me esperó tres horas, me recogió en el trabajo y durante dos horas me aguanto en el coche. Si pensaba tirarme la caña, no pudo porque no le dejé hablar.

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Yo y mis súper estrategias anti-polvo

Como soy muy maja, y no me dejó pagarle gasolina, le invité a unas cañas cuando llegamos y me fui a mi casa tan tranquila pensado lo simpática que soy.

Como yo veía todo tan normal: me había echado un nuevo amigo (en Tinder) pero un amigo, se lo conté a Peditos. Mucha gracia no le hizo, pero yo estaba súper segura de la inocencia de mi quedada.

Seguíamos hablando y me dijo de volver a quedar a tomar algo.  Modo inocente ON, le dije que claro, que cuando quisiera. Pero, ya se me encendió la alarmita,  a ver si él no quería solo tomarse una caña conmigo (sí, soy tan parda que en mi mente estaba la opción de que solo le caía bien). Mi idea era comentarle mi vena monopene, y aclararle que no buscaba un rollete, un polvo ni siquiera un morreito porque estaba con otro.

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Regla no.1 de toda monopene: NO comer otros penes

Peroooo, con mi gafe natural, se me complicó la tarde en el trabajo y no me dio tiempo escribirle y explicarle mi no interés en comerle el rabo. Cuando me quise dar cuenta le tenía esperándome a la salida del trabajo en su coche y claro en el trayecto no sabía cómo sacar el tema de “invítame a las cañas que quieras que no te la voy a comer”.

Para complicar todo más y asumir que me había metido en la boca del lobo, el tío me dice que mejor tomamos algo en el bar de debajo de su casa, que es barato y así aparca el coche. Lo de tener su cama a 1 minuto del bar, no tenía nada que ver. Por supuesto.

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Aparca en su bloque y me dice que subamos a su casa a dejar las cosas. Le dije que le esperaba abajo. No coló.

Yo ya cada vez más en pánico: la opción ” solo quiere tomar algo porque le caigo bien” perdía fuerzas por segundos. Llegamos a su casa, y en un intento de evitar que se me lanzase, dejaba metros de distancia (cosa complicada teniendo en cuenta lo enano del apartamento).

Él: – ¿Quieres tomar algo?

Yo: – Es que soy más de cerveza.

Él: – También tengo. ¿Te saco una?

Yo: – Es que soy más de bar.

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Su cara ante mi pasión cervecera.

Creo que se pensó que era una estrecha, (sí, yo) y decidió que lo mejor sería ir al bar a ver si a base de cervezas me volvía más suelta.

Yo tenía claro que había llegado el momento, era inminente: tenía que hablar de Airwick, de que tenía medio novio y de que sí, soy esa pardilla que queda dos días con uno de tinder y se cree que no la quieren empotrar. La idea de lo que debía hacer estaba clara, pero no se me dio muy bien. Lo máximo que atiné a decir fue un par de “éste” refiriéndome a Peditos, como si el muchacho supiera quién era “éste”, como si supiera que había un “éste” y como si le importará mucho que existiera un “éste”.

Nos acabamos las cañas y se empeñó en llevarme a casa. Yo intentando convencerle de que no hacía falta, que estaba al lado, que no sacará el coche, que de verdad, que no se molestase, etc.  Pero él tenía un plan. Me llevó al garaje y “casualmente” se dio cuenta de que se había dejado las llaves en su casa y teníamos que subir al piso a por ellas. De nuevo, intento la de ” te espero abajo”. De nuevo, no cuela.

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Yo. Asumiendo lo parda que soy.

Y llega el momento ascensor. Se cierra la puerta.

Se me abalanza encima. Le hago una señora cobra.

Se me vuelve a lanzar. Le hago la súper cobra.

Empiezo a balbucear “este, este, este, este”. Me mira raro.

Entró en bucle. Este, este, este.

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Me mira aún más raro.

Se abre es ascensor.

Atinó a hablar y le explicó que estoy medio medio con un chico y que por eso no podía hacer nada. Le digo que lo siento, que se lo debería haber dicho antes y me suelta un “pues sí” acompañado de mirada de odio. Bastante comprensible.

TENSIÓN. Los dos en su mini piso. Me mira, y lo vuelve a intentar. Le vuelvo a repetir que nanai.  Asumo que ya mejor me voy en metro a casa pero nooooooooo, en un momento de surrealista caballerosidad me dice que me lleva en coche como me había prometido. Más tensión.

Volvemos al ascensor. Esta vez, no se me abalanza (también porque me pongo lo más lejos que el metro cuadrado me permite). Nos montamos en el coche. Más tensión. Me pregunta por Airwick. Al decirle que es ingeniero se alegró, “al menos no es tonto” fueron sus palabras.  Muy normal todo.

Tras soltarme que si dejaba a Airwick ya le avisase (que sus dos días de aguantarme para nada le habían costado) asumió lo ridículo que era llevarme hasta mi casa después de mis dos grandes cobras, se pensó mejor lo de llevarme a case y decidió indicarme amablemente dónde estaba la boca de metro.

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A tu casa, guapi.

Nota mental: Si conozco a un tío en Tinder que no quiero o puedo follarme, avisar.

Los hombres que no bajaban al pilón

No hay mujer completa sin que un negro se la meta y no hay polvo de campeonato sin que te coman lo de abajo. Eso es así.

Que sí, que puedes haber echado un señor polvazo sin que el tío en cuestión te haya comido tó lo negro. Que te puedes haber corrido 15 veces y andar espatarrá por la vida, pero no llega al polvo diez: ese incluye que te toquen con gracia, que te empotren de buena manera y bajen al pilón hasta que se te quede la pata tiesa.

Ya no es que sea complicado encontrar hombres con arte en el cunnilingus sino que parece que últimamente hay muchos hombres que directamente ni lo intentan.

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Desgraciadamente, estoy entrenada en esto de vivir sin una lengua entre mis piernas. Mi ex (el italiani del que ya hablaré algún día) no me comía el chichi . Bueno, los primeros días lo hacía por eso de si colaba que luego se la comiera. Luego se acostumbró a su mamada diaria (por eso de darle amor, bueno y porque tenía un pene grande, bonito y apetecible) y ciao ciao a darme sexo oral.

Al principio estaba demasiado emocionada con su pollón como para sufrir por la falta de lametazos en mi chirri. Pero pasaban los meses y el maldito no bajaba al pilón ni de refilón. Verdad es, que yo que soy vaginal perdiá, y con lo que más disfruto no es con una comida de chichi (soy más de un buen saca-charcos). Pero joder, si yo me dejo el cuello y la vida en hacerte una mamada que menos que te tomes unos minutos en devolverme el favor.

Le saqué el tema y me soltó que es que no le gustaba hacerlo porque ¡¡ATENCIÓN!! le daba asco que eso estuviese húmedo.

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Vamos a ver, alma de cántaro, quizás soy yo que no he pillado el concepto, pero la gracia es que te corras, ¿no? Quizás es que soy muy rara porque mojo las bragas cuando estoy cachonda. Quizás tengo un chirri extraño. Quizás tengo la mala suerte de no tener un chichi reseco.

Quizás.

O quizás es que no daba la gana hacerlo y no le daba la mente para excusas mejores.

Obviamente, yo veía muy triste lo de pasarme el resto de mi vida sin cunnilingus, así que me ponía en huelga de mamadas (de polvos, never) para ver si con la presión se animaba a comérmelo de una puñetera vez.

PERO NO.

Mi autoestima chirrística estaba por los suelos, a ver si la culpa no era que tuviera un extraño-chichi-húmedo sino una bomba de destrucción masiva entre las piernas. Quizás mi hasta-ahora-querido-coño olía como 15 kilos de pescado rancio y yo tan feliz todos estos años. Pero, a ver, no tenía lógica, si tuviera un chichi apestoso no me lo habrían comido nunca, ¿no?. No me habrían hecho cunnilingus de infarto, ¿no?

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Joder, que no habían sido ni uno, ni dos, ni diez los que habían metido la cabeza entre mis piernas (y habían repetido). Me empecé a rallar, a rallar mucho. A ver si tanta pasta y tanta pizza había tenido un efecto negativo en mi chirri. OBVIAMENTE NO.

Al final lo dejamos y pude disfrutar de todos los cunnilingus que me perdí durante tantos meses. Está claro: el problema no era mi chichi (ya le vuelvo a querer); el problema era el italiano.

Con mi gafe natural,  se ve que a Airwick (alias “peditos”) tampoco le va mucho lo de comer pescado. (ACLARACIÓN: Sí, increíblemente sigo en modo mono-pene). Al principio, no le di mucha importancia, pensaba que lo de follar en coche tenía algo que ver con su falta de visitas al pilón.

Pero no, vamos ya por dos meses quedando, con casa, cama y sofá y el puñetero “peditos” no hace ni amago de bajar con la lengua más allá del pezón izquierdo. Que muy bien, que me lo paso bien follando, que me corro unas cuantas veces por polvo y que el chico es muy mono, pero QUIERO MI PUTO CUNNILINGUS Y LO QUIERO YA.

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Como hasta hace una semana era Ni-Ni me daba la vida para teorizar sobre las posibles razones por las que Airwick no me lo come. Bueno, para teorizar y para rallar a mis pobres amigas. Según el consejo de sabias estas eran las opciones:

TEORÍA NUMBER 1: Que le diera asco comerse un chichi.

Esta opción tiene muchas papeletas ya que es muy escrupuloso. Escrupuloso nivel, si estás con la regla no te toco ni con un palo. Escrupuloso nivel, empezar a follar (se suponía que había acabado ya de manchar) ver un pelín de sangre en el condón, sacarla y parar . Que yo puedo entender que le dé asco la sangre, pero dejar un polvo a medias ¿de verdad? ¿Sacarla y parar? ¿En serio?

Big problem si al final esta es la teoría ganadora  ya que me prometí a mí misma  (post-italiano) que no volvería a estar con un tío que no me comiera totalmente entera.

TEORÍA NUMBER 2: Que sean de los que creen que a las mujeres no nos gusta que nos lo coman.

Verídico. Increíblemente hay tíos que creen que eso de recibir sexo oral no nos va porque en algún momento de su vida han estado con una chica que no les dejaba que se acercarán con la lengua a su chirri.

Desde aquí hago un llamamiento: queridas mujeres que no queréis que os coman lo de abajo , aclarad que las raras sois vosotras que luego hay pardos que se lo creen y nos dejan a la demás sin comidas de coño.

TEORÍA NUMBER 3: que mi chichi huela a pescaito que eche pá trás.

Obviamente, ésta no se considera una opción nunca más.

Al final le pregunté directamente que por qué no me lo comía y me dijo que porque estaba esperando a que yo le pidiera que lo hiciera. Que de hecho estaba extrañado de que no lo hubiera pedido antes.

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Muy lógico todo, sí.

Traducción: que tampoco le entusiasma comer chichis y estaba esperando a que no le quedará más remedio que hacerlo. Y ya no le queda.  Mientras me dure la vena monopene quiero mis sesiones de cunnilingus aseguradas.

Monopene

Que no cunda el pánico pero ha ocurrido.

El fin del mundo se acerca.

Ha pasado lo impensable.

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Mis amigas cuando lo descubrieron.

Sí, me he vuelto monopene.

Sí, como lo leéis. Y lo más preocupante: no me he dado a la monogamia porque me haya echado novio, no. Me he dado a la “exclusividad pollística” por un rollete.

Está claro. La vuelta a casa me tiene trastornada aburridísima. Entre que soy ni-ni, que mis amigas no están en mi ciudad y que tengo aborrecidos a los hombres de mi folli-agenda, la desesperación ha hecho mella. Muy brillante yo (para no variar), decidí hacerme Tinder. Sí, soy esa iluminada que se hace Tinder en una ciudad de 60.000 mil habitantes. Resultado: me encontré a mis ex-compañeros de trabajo, a sus amigos, a antiguos rollos, a mi vecino, a los hermanos de mis amigas y hasta a mi primo. MARAVILLOSO.

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Mi cara al descubrir la calidad tinderiana

Muerta de vergüenza, me planteé muy seriamente quitármelo. Pero al final se medio salvaban cuatro:

  •  El viajero: además de guapo y salaó, resultó ser el mejor amigo de un ex-rollito. Para más gafe, vive en Madrid y baja de uvas a peras a mi ciudad.
  • El normalito: parecía muy majo aunque nada del otro mundo en sus fotos. Visto que no había mucho más para elegir, decidí darle mi Whatsapp.

o   Primera sorpresa: Era feo.

o   Segunda sorpresa: En su foto, salía con mi súper amor platónico de toda la vida. Resulta que son muy muy amigos. Estupendo.

o   Tercera sorpresa: Me meto a su cotillear su Facebook, para descubrir si es feo feo o salvable y descubro que es del mismo grupo de amigos que el viajero y mi ex-rollito. ¡¡Que vivan las ciudades enanas!!

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¡¡¡Que vivan!!!
  • El bombero: Ni que decir tiene que este tenía todas las de ganar. Madurito, viviendo solo, fuerte y BOMBEROOOOO. La regla y mi nueva vena monopene se encargaron de que me quedara con las ganas de probar su manguera.
  • Air-wick (explicación del mote más abajo): Moreno, ojos verdes, barbita, no pintaba mal. Era guapete, muy simpático y milagrosamente vivía en mi ciudad. Parecía un poco pardillo pero tampoco tenía mejor plan de viernes así que decidí quedar a tomar algo con él. Muy lúcida yo, estuve a punto de ir sin depilar; le veía tan pavo que dudaba mucho que fuese a ocurrir algo, pero (afortunadamente) mis amigas me convencieron.

Tras tomar algo, se inventó una excusa para montarse en mi coche y se lanzó. Al final acabamos echando un polvazo en el picadero oficial.

Seguíamos en su coche dándole al vicio, y no se corría ni para atrás. A mí ya no me daban las fuerzas, ni la mano, ni la boca ni la cadera para seguir. Yo no entendía nada. Y me suelta que me tiene que decir algo, que está relacionado con lo de no poder correrse pero no me puede decir por qué.

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Empiezo a teorizar en mi cabeza:

  •  ¿ No le pongo? Vamos a ver, el polvazo de antes no cuadra con eso.
  • ¿Tiene novia y le ha dado el cargo de conciencia a mitad? Gafe ven a mí.
  • Le puede la presión porque se ha enamorado de mi arte sexual. Podría ser.
  • Es de semen limitado y se ha quedado sin existencias.

Se ve que para el CSI no valgo, porque no era ninguna de las razones anteriores sino una más básica. Estaba yo ahí sacando fuerzas de donde no las tenía para ver si se corría de una puñereta vez, cuando me soltó la bomba (y nunca mejor dicho). Resulta que tenía muchas ganas de tirarse un pedo. Y, ¿qué contestas tu a eso? ¿Te dejas tus fuerzas para que se le vayan las suyas por el culo? ¿Sigues dándole a la zambomba hasta que desates la Mascleta que lleva dentro?

Obviamente mi libido se fue  a la puta.

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Misteriosamente, tras salir del coche a dejar su “mantita de follar” en el maletero, le volvió el vicio, pero entre que eran las 7 de la mañana, y que yo sólo podía imaginármelo en modo pedorreta, no estaba yo muy por la labor.

Se ve que lo de pasar la barrera de la confianza en la primera cita ha dado sus frutos, y desde hace casi un mes, quedo casi todos los días con “peditos” (Airwick cuando quiero disimular). Lo preocupante, es que no sólo quedamos para follar sino para desayunar, ir al cine, merendar, y más planes típicos amorosos pero sin ser novios.

Se supone que somos follamigos pero es “leal”, por lo que a mí me toca serlo también. Aunque cueste creerlo no estoy traumatizada con ser monopene.

Al menos, por ahora.

Oda a los tríos

Si hay algo mejor que acabar con un tiarraco, es acabar con dos. Lo reconozco, soy muy fan de los tríos. ¿Y cómo no serlo?

  • Con lo que me gusta que me toquen (algo me dice que mi capacidad inundadora tiene algo que ver), tener cuatro manos para mí solita es maravilloso. CUATRO. Que te pueden tocar toa a la vez
  • Tienes dos bocas, lo que significa el doble de posibilidades de que me coman el cuello y me dejen tonta. Y lo más importante, dos lenguas! Creo que no hay nada más maravilloso que tener a dos maromos discutiendo porque los dos te quieren comer el chichi en ese momento.
  • Y bueno, también hay dos penes. Pero eso, siendo yo de culo estrecho, solo trae doble trabajo. O en el caso de que te toque un rapidillo, que continúe el empotramiento, lo que pensándolo fríamente me compensa la tortícolis del día siguiente.

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Pero ya no es que eso de tener 2 hombretones para ti solita sea increíble desde el punto de vista sexual  , sino que encima te lo pasas bien no genitalmente hablando. Porque el tema logístico tá complicao. Así que, entre las posturas imposibles en un intento de que todo el mundo pille cacho y que las cuatro manos hacen que uno quiera tocar una teta que ya está siendo sobada, se producen mil situaciones que te tienes que reír. Que en el porno todo parece muy fácil, pero noooo. Ahí todo se sale, o no llega, o te dejas el cuello, o te toca casi hacer el pino puente. Todo esto sumado a mil pollazos inesperados.

Pero aun así, es maravilloso y todo por el morbo. Creo firmemente que es la mejor parte; te están viendo y estás viendo. Es como porno en directo, porno interactivo. Porque no te creas tú que se conforman con mirar o unirse no, no, resulta que los tíos (al menos los que he catado) son muy DE ANIMAR. Sí, en el trío sacan la cheerleader que llevan dentro.

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Dame una P,dame una E, dame una N, dame una E!!

 Es como si estuvieran viendo un partido de fútbol, animan al otro, le gritan “Follatela”, “Revientala! “Dale duro!  Y claro, el otro que nunca se ha visto con fans en el acto, pues se crece y se emociona. Si es que son todo ventajas.

Después de esta apología al trío toca aclarar que, aunque no lo parezca, yo no busco los tríos; surgen.  Es algo que me dejo tó loca en su día (ya me he acostumbrado); los hombres son muy proclives a compartir.

Inocente yo, tenía la idea que eso de tener un pene ajeno tan cerca les dañaría su orgullo de macho ibérico pero (afortunadamente) no es así. Y es que, pensándolo bien, así se aseguran follar, ven porno en directo y trabajan la mitad. Un chollo, vamos.

Obviamente, y para no variar, ninguno de mis tríos ha sido “normal” sino que tenían el matiz surrealista que me caracteriza.

El primero de mis 2×1 sexuales fue hace cuatro años en el pueblo de una amiga. Según llegué, me llamó mucha la atención un chico, pero resultó que tenía novia (que, por lo que se ve, no era algo que le importará mucho pero con ella a medio metro se controlaba). Al final, acabé con uno muy kuki, pero no sé cómo la noche terminó en un after hablando con el ennoviado ponecuernos, la prima de mi amiga y el “kuki” sobre tríos. Pero había un problema, no salían las cuentas: eramos cuatro para un trío.

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¿Cuatro para un trío? Mí no entender.

De camino al piso de mi amiga (que íbamos todos en amor y compañía a rematar allí la fiesta) asumí que no habría trío pero que un polvete sí caería. Estaba en inicios de darlo todo en la cama con el “kuki” cuando se abrió la puerta y apareció el ennoviado. Preguntó si se podía unir. Y lo hizo. Yo lo estaba flipando, pero ahí tenía a los dos en la cama. Doble de manos, doble de bocas , doble de penes  pero (ME CAGO EN ) lo que no había era doble de condones. Así que se hizo lo que se hace en estos casos:  echarlo a piedra, papel o tijera.

Se ve que no era el día de suerte del kuki porque el afortunado en follarme fue el ponecuernos.  Bueno, definitivamente no fue su día de suerte porque en pleno acto el ennoviado me embistió  con tanto ímpetu que le pegué un señor bocado en el pene al kuki.

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 Él, medio llorando de dolor; yo, gimiendo como una loca (ahora que tenía la boca libre). El ennoviado se corrió, se vistió y se fue. Yo me quedé abrazadita con  polla-malherida  (a él, no a su polla). Lo normal, lo sé.

El segundo de mis tríos, no iba a ser menos peculiar. Yo andaba de Erasmus en el Sur de Italia y, no muy lejos, estaba uno de mis rollos de España y de la carrera: Carlos.  Yo por aquel entonces tenía medio novio italiani y me sentía fuerte y fiel como para irme de visita a la ciudad de Carlos sin caer en la tentación.

La primera noche lo fui.

La segunda, no tanto.

La culpa la tuvo un gaditano jarillo (pelirrojo) de sonrisa perfecta que me encantó. Pero claro, entre que yo quería respetar a mi italiano y que dormía en casa del otro, no podía hacer más que tontear. Al final acabamos los tres en un local muy turbio; en teoría era un after, pero parecía más un local de intercambio de parejas: mini salas escondidas y oscuras, alfombras de terciopelo y sillones de leopardo.  Los dos invitándome a copas, los dos intentando poner su mano en mis piernas. En un intento de evitar lo que estaba claro que iba a pasa, me bajé a la alfombra. Pero claro habría que aprovechar que el local incitaba a ello.

Morreo para Carlos, morreo para el jaro.

Morreo para Carlos, morreo para el Jaro.

Tras dar el espectáculo de buena mañana por las calles italianas, llegamos a casa de Carlos y empezó el trío. A mitad, el jarillo se dio cuenta de que nosotros llevábamos ya unos cuantos polvos juntos a nuestras espaldas y se ralló . Se “salió” del trío. Al rato, me di cuenta que eso más que un trío, era follarme a Carlos (y eso, sí que estaba mal por mi pobre italiano) y paré, dejé al pobre a medias y  me fui a la otra punta de la casa a llorar y dormir.

A la mañana siguiente (bueno, la misma mañana para ser exactos) estábamos los tres desayunando y comentando la noche anterior. No me digas cómo ni por qué pero pasé de decir que estaba fatal porque me sentía mal por el italiano a estar otra vez pene en chichi y pene en boca.

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A mitad del polvo, me volví a rallar y volví  a parar a mitad.

Se ve que Carlos no me guardaba rencor por dejarle a medias (dos veces) porque a los pocos meses, ya de vuelta en España, volvimos a acabar follando con otro pene de por medio. Una noche de fiesta inesperada en la que estaba cantado que acabaría con él, apareció un amigo suyo que me encantó y claro, se me notaba muy mucho. Aunque se veía que el amigo estaba receptivo, las miradas de odio de Carlos no debieron ayudar mucho y se fue.

Iba en el coche de camino a su casa para darnos al vicio cuando se me ocurrió confesarle que su amigo me ponía perraca.  Increíblemente no se picó sino que cogió su móvil, mandó un Whatsapp y cambió de dirección. “Casualmente” nos encontramos con su amigo por la calle y decidimos llevarle a su casa.  Ya que estábamos ahí, ¿cómo no subir a echarnos la última copa? No hicimos nada más que entrar en el ascensor y ya tenía cuatro manos tocándome por todos lados. La  noche pintaba bien si no fuera porque el amigo desapareció a mitad del polvo. Resulta que le puso tanto la situación que fue un rapidillo y decidió huir y dejarnos en su salón dándolo todo. Todo un detalle.

Meses después conocí a un sevillano en las fiestas del pueblo de una amiga. Desgraciadamente, por falta de sitio nos tuvimos que conformar con meternos mano de malas maneras y esquivando viejas madrugadoras.

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Como nos quedamos con las ganas, decidió subir a verme a mi ciudad un fin de semana.  Pero claro, no quería venir solo y se trajo a su mejor amigo  con la promesa de que le liaría con alguna amiga mía. Pedí foto del amigo para ir gestionando  y ¡cómo estaba el amigo! Era un rubio de metro noventa que estaba para hacerle un favor. Y dos. Y tres.

 Increíblemente mis amigas no estaban muy por la labor pero yo cuanto más lo miraba, más me gustaba. Se me debió notar porque sin saber cómo de repente estaba en el coche del rubiaco follando como locos. ACLARACIÓN: Sí, con dos cojones, dejamos al amigo (el que se suponía había venido a saciar las ganas que nos teníamos) solo y abandonado en la discoteca.

 Como no somos tan malos, cuando cerraron la discoteca, fuimos a por él.

 TENSIÓN.

O eso creía yo.

El rubio le dijo a su amigo que por qué no se iba detrás conmigo. Y eso hizo. En cuestión de minutos había pasado de estar tirándome al rubio en el asiento trasero de su coche a estar en el mismo asiento con el otro metiéndome mano bajo la atenta mirada por el retrovisor del rubio.

Lo nooooormal.

Al final, mi último trío (el último por ahora, ESPERO) pasó a nivel experto y ya no fue en una cama sino en un coche. Si follar con uno ya es complicado  y es casi imposible acabar sin la cabeza  estampada contra el cristal o violada por el freno de mano; follar con dos, ya es para que me fichen en el Circo del Sol.

 

 

 

El trío que no fue

Una de mis grandes penas en Malasia, a parte de la falta de un follamigo decente, era la falta de alcohol barato. Mucho se habla de lo soleado que es España pero se nos olvida alabar algo maravilloso de nuestro país: lo barato que es beber, pimplarse, mamarse y acabar como las Grecas.

Y claro, así pasó, mi vuelta a la fiesta española vino acompañada de una gran borrachera y, para no variar, de una noche surrealista.

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Greca modo ON

La vuelta a mi mini ciudad, acostumbrada a la ajetreada y cosmopolita Kuala Lumpur me tiene tenía desesperada, así que, cuando mis amigos de la carrera me invitaron a subir a Madrid de fiesta, no me lo pensé. Si a eso le sumamos que estoy harta de mi lista de follamigos y quiero renovar la agenda, me fui para la capital motivada de más.

Pese a que iba con la idea de renovar la agenda, entre mis amigos ya había dos que me había tirado;  Carlos, mi lio durante media carrera; y “espalditas”, al que mis amigas y yo nos dedicamos a mirar con vicio durante las clases y con el que acabé follando en el baño de la discoteca meses antes de darme a la aventura  asiática. Muy mal se me tenía que dar la noche para no pillar, ¿no?

Pues se dio.

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Que sí, que creo que me di unos besitos con alguno de la discoteca, pero tenía tantas ganas de fiesta que pasé de irme con él (bueno, las ganas de fiesta y que tampoco era un Adonis). Además, la opción de Carlos siempre estaba ahí.

En la fiesta había un amigo de un amigo de un amigo que estaba tó cachondo  pero había una chiquitina de medio metro (ACLARACIÓN: si digo yo eso, que estuve falta de Petit Suise de pequeña, era porque la muchacha en cuestión era extremadamente bajita) muy interesada en levantármele. Al final, él se fue y nos quedamos las dos con las ganas.

  Como Carlos, al igual que todo pene de mi folli-lista (con la excepción de mi Yogurín saca-charcos, of course) me daba pereza;  acabé tonteando con un amigo de espalditas. Amigo, al que se le nota a kilómetros que es un golfo y que le gusta follar hasta casi más que a mí (sí, cuenta la leyenda que hay gente con más vicio que yo).yes

 Y claro, yo, que soy un animalito hormonado, decidí que él podría ser una buen pene con el que acabar esa noche. Como era de esperar, el muchacho se dejaba querer así que cuando nos echaron de la discoteca asumí que me iría a su casa.

Pero, de repente, CHIQUITINA  SALVAJE APARECIÓ. Resulta que ella tenía el coche aparcado en casa del chico y se venía andando con nosotros. Bueno, vale. Empiezan a hablar y deduzco que ya se habían liado más veces. Pánico. A ver si la que sobraba era yo y con tanto alcohol en el cuerpo no me había enterado. Por si las moscas, decidí escribir a Carlos; con suerte aún estaba a tiempo de follar. Cuando estaba tanteando si coger un taxi a casa de Carlos, la situación cambió drásticamente: la chiquitina soltó algo tipo “con lo que me gustan a mí los trios”.surprised.gif

ACLARACIÓN: mi tajamiento me impide reconstruir la situación con toda la precisión que me gustaría.

Pasé del pánico al shock.  Y del shock al “¿por qué no?”. Total, había hecho ya muchos tríos, todos ellos fruto de noches de fiesta surrealistas y ¿por qué no probar la versión femenina del 2×1 sexual? Dejé de escribir a Carlos con la idea de dejarme llevar por la situación. Sin embargo, cuanto más nos acercábamos a su casa, más parecía que la chiquitina se lo había pensado mejor y prefería montarse un dueto.  Cuando me quise dar cuenta estábamos los tres en el ascensor y no, no pasó como en mis otros tríos que se desata la pasión y tienes manos y bocas por todos lados. No, en cambio, estaba ahí, pensando  que qué coño pintaba yo ahí en mitad.

Nada más entrar,  la chiquitina se abalanzó a llevarse al chico a la habitación. Asumí que por borracha empanada me tocaba dormir en casa desconocida y, lo que es peor, sin follar.

 Al poco de empezar a oír que ya estaban dándolo todo, apareció el chico con una camiseta  de fútbol para que usara a modo de pijama. Todo un detalle. Estaba yo cambiándome cuando volvió aparecer, momento justo en el que yo estaba con todas las lolas al aire. Y claro, no se pudo resistir a mis pechotes y se me lanzó.soy-deliciosa.gif

En la línea del surrealismo, acabé en la cocina viendo como se preparaba un vaso de leche, mientras la chiquitina, quien también iba con la equipación oficial/camiseta de fútbol, venía  a marcar territorio.

No sé cómo, pero acabé con los dos en la habitación, sólo que ellos dos en la cama y yo en el mini sofá de enfrente.  Había momentos en los que parecía obvio que iba a acabar comiendo teta, pero otros que la chiquitina parecía que sólo quería que me volviera al salón. Que, bueno, que quizás soy yo, que me motivo fácilmente y veo cosas dónde nos las hay. Llamadme flipada por entender que se levantara la camiseta para enseñarme sus tetas o me hiciera tocarle los muslos para comprobar lo dura que estaba, como señales de que todo aquello iba a acabar en trío.

Yo cada vez entendía menos la situación, tenía sueño, frío e inicio de resaca. Así que , a riesgo de perder todo mi erotismo, me planté una sudadera sucia que encontré por la habitación y me acurruqué cual croqueta en el sofá.  Tras hablar con la chiquitina bipolar sobre los penes interraciales que habíamos catado y nuestras nacionalidades favoritas para que te pongan fina (muy normal todo, lo sé), decidí intentar dormirme. Entre la pereza de moverme y que los chupitos habían acabado con mis neuronas esa noche, tuve la brillante idea de quedarme en su habitación a dormir.giphy (18).gif

Obviamente, pasó lo que tenía que pasar. Ellos empezaron a follar como cosacos,  mientras yo oía todo.  Se notaba que al principio se querían cortar, pero se me da tan bien hacerme la dormida que lo de cortarse duró poco. Y ahí estaba yo, sin poder dormir y sin poder levantarme (que tampoco era plan de cortarles el polvo) con gritos de fondo de “Sí, Adri, sí” y “Reviéntame”. Yo no sé si es que el muchacho dura mucho o que sin participar se te hacen más largos los polvos, pero eso no acababa nunca. Y claro, de oír tanto gemido, no podía dormir, y mi vena “animalito hormonado” volvió. Me estaba poniendo cachonda de oírlos y planteándome seriamente empezar a tocarme o violar el sofá.

Por suerte, decidieron rematar el polvo en el salón y conseguí dormirme al son de “reviéntame, Adri, reviéntame”.

 

 

Bienvenida y bienfollada

Desgraciadamente mis días en el Sudeste Asiático, el verano eterno, las playas paradisíacas y la libertad que da estar en una ciudad enorme al otro lado del mundo han llegado a su fin. He vuelto a España.

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Pero, ¿qué mejor que quitarme las penas por volver a mi aburrida pequeña ciudad que follando como una loca? Si algo bueno tiene haber estado diez meses fuera de casa es que se me acumulan los hombres deseosos por volver a empotrarme. Y que sí, que me gusta mucho lo international pero ya estaba yo muerta de ganas de un buen meneo español.

El  primero en darme lo mío y lo de mi prima ha sido “Futipoli”(de futuro policia). ACLARACIÓN: soy muy de poner motes, para facilitar la labor de no perderse entre tanto pene y tanto nombre. Me lo acabaréis agradeciendo).  Futipoli es uno de mis polvazos a primera vista, y mayor fuente de foto-pene durante estos largos meses sin porno.

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El muchacho, ansias como él solo, me estaba proponiendo quedar desde el momento que aterricé en Barajas, pero el Jetlag, el cansancio, la regla y que tocaba hacer un poco de vida familiar hicieron que lo retrasará al tercer día en territorio español. Tampoco es que sea el mejor follador de mi lista pero esos brazos fuertes (sólo superados en los últimos meses por el negrito con aires de gigoló), su pene perfecto (grande, bonito y apetecible) y que me cogió con muchas ganas, hicieron que fuese un señor polvazo y me volviera el amor a la patria.

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Al día siguiente, tenía a mi querido madurito preguntando por mi vuelta y claro, había que aprovechar y agradecerle todos los videos y fotos que me habían alegrado tantas noches en Malasia.  Como vivo al límite, y el polvo del día anterior había sacado la viciosa que llevo dentro, en cuanto me escribió y vi que mi madre salía por la puerta le dije que viniera para mi casa. (ACLARACIÓN: Madurito y su grandioso pene no merecen ser follados en un coche haciendo malabares sino en una cama, así que desde el primer día que quedamos lo hacemos en mi casa cada vez que tengo un mini rato sola).

 Con mi gafe natural, al segundo de confirmarme que ya estaba de camino para el polvo de bienvenida, volvió mi madre.

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Decide volver cinco minutos antes y me pilla en el pasillo pene en mano. Avisé a mi madurito de que esperara en la calle. En cuanto se fue mi madre (previo interrogatorio disimulado sobre cuánto tardaría) le hice subir. Yo seguía con la tensión en el cuerpo, como me pillará mi madre, no tenía mundo para correr. Si que te pille tu madre desnuda dándolo todo contra el espejo de la entrada no es plato de buen gusto, mucho menos si te pilla con un cuarentón de barba blanca y pene gigantesco. Pero mis intentos de “mejor vamos a la habitación, no dejes la ropa aquí en la entrada” no duraron mucho en cuanto me cogió por banda.  Como era de esperar, en el primer meneo ya me quito la pena post-Malasia.

BONUS:  Como estamos acostumbrados a quedar en mini ratos, ninguno quiere que nos pille la Tere (mi madre) y ambos tenemos claro que se queda para follar y nada más, el post polvo es siempre express. Se quita el condón, nos vestimos y a los 2 minutos sale por la puerta. Todo eficiencia.

Desgraciadamente, con mis dos hombres, manos mágicas y provocadores de charcos no he podido quedar ni creo que pueda en bastante tiempo.

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Yogurín me pilla muy lejos y “Manos-grandes” es un mareador nato que por muchas ganas que dice tener de reventarme asumo que no lo hará hasta dentro de  mucho.

 Sin embargo, como está claro que follando se me quita el trauma de mi vuelta, toca tirar de los hombres que tengo más a mano, así que ayer volví a quedar con Futipoli y pasó lo que me estaba temiendo. Que no disfruté. Porque sí, el muchacho está tó güeno y tiene un pene que me encanta, pero dura poco y encima no puede repetir porque dice que “sus corridas son gigantes y se queda sin reservas”. Que no quiero yo deshidratar a nadie, pero joder, tiene dos manos y una lengua que podría usar para compensar, pero se ve que sus “macrocorridas” le dejan K.O y él a mí, insatisfecha.

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Como sólo hay algo peor que la abstinencia, y eso es la insatisfacción, me he propuesto firmemente que toca hacerme una pene-agenda nueva. Al fin y al cabo, tiene lógica; si yo ya no soy la misma que partió hacia Kuala Lumpur  hace diez meses, ¿qué sentido tiene seguir tirándome  a los mismos?

El pene colombiano

Si lo sé escribo antes  sobre los charcos. El mundo ha escuchado mis plegarias y este fin de tuve mi vuelta a la inundación.

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El manitas esta vez ha sido un colombiano cachondo que tenía fichado desde hace unas semanas. Desde que le vi, empecé a notar (muy a lo polvazo a primera vista) que éste lo haría muy bien. Bueno, en verdad, no sólo fueron mis hormonas gritando “este, este, folláte a este” sino que los rumores de su gran pene influyeron muy mucho.

Hace unas dos semanas me fui a la residencia de unas amigas (ACLARACIÓN: ellas no viven en una residencia marginada, y rodeada de locales cuarentones que te miran raro, como una servidora sino en una resi llena de extranjeros jóvenes, motivados y, lo más importante, follables).

Entro, y me encuentro a 6 guiris (mi amiga incluida) medio despelotaos. ¿Yo iba de cañas a la terraza o de orgía? ¡Que eso se avisa, y me pongo el tanga de encaje! Pero no, tanta chicha al aire tenía una explicación; resulta que la alemana se volvía a su país en unos días y habían decidido que lo de comprar una bandera malaya y firmársela era muy mainstream y que mejor regalarle un calendario sexy.

Ahí estaba yo, con mi bolsa del super, con mis latas de cerveza calentándose mientras observaba el espectáculo: un indonesio gay, una brasileña y una española encima de una cama fingiendo mil y una posturas. Cuando el kamasutra y la paciencia de la malaya que hacía las fotos no daba para más, llegó, por fin, el momento cerveza. Y fue entonces cuando la francesa soltó el boom:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Camilo, el colombiano tenía such a big dick !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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¡Sííííííí! Había un pollón entre nosotros y yo ya sabía quién era el afortunado.

Obviamente, esta información hizo que le tuviera aún más ganas. Y como buena samaritana que soy, me ofrecí voluntaria a confirmar los rumores. Mis días en Kuala Lumpur se acaban así que había que sacar todas mis armas de seducción para no volverme a España sin descubrir si la francesa se había escandalizado con razón (no olvidemos que en Francia hay mucho negrito de los que me gustan a mí, y no se debería sorprender con tanta facilidad por un pene grande).

A los pocos días, salimos de fiesta y no pude evitar pasarme el momento copas mirando el bulto de sus pantalones entre chupito y chupito de aguardiente. De tanto mirar, descubrí que también tenía un señor culazo, así que tenía un claro objetivo esa noche: ligarme a Camilo.

Como soy muy eficiente, y de pequeña me caí a una marmota de feromonas, al poco de llegar a la discoteca le tenía invitándome a copas (si se puede llamar así a los minis vasos que se gastan por aquí) y bailándome. Baile por aquí, baile por allá, cebolleta por aquí, morreo por allá.  Sí hacía el resto igual de bien que besaba, me esperaba una muuy buena noche.

Mi siguiente recuerdo (efectos del aguardiente, ya tu sá) es estar en un taxi con el colombiano metiéndome mano a saco. Por el bien de la tapicería del coche aún no saque mi vena aspersor y, espero, tampoco la vena escandalosa porque además del taxista llevábamos a un holandés de la resi en el asiento de delante que tuvo que flipar bastante con el espectáculo erótico-festivo.

Se ve que era obvio que los rumores sobre su enorme pene habían llegado a mis oídos (o que se me notaba el ansía, que también puede ser) que me soltó que la francesa era una exagerada, que tenía un pene normal, que no me esperara una tercera pierna, un rabaco de medio metro o un pene descomunal.

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Maldita francesa que juega con mis ilusiones. Vale, a lo mejor no tenía pene de negro, pero sí culazo y un arte para tocarme que no iba a decir yo que no. Así que, acabé, como era de esperar, en su habitación y ¡Oh, milagro! pasó lo que llevaba meses deseando.

¡ Sííííííííííííí!

¡Squirting!

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¡Inundación!

Desgraciadamente, su pene, que resultó sí ser grande aunque no monstruoso, no estaba muy por la labor de cooperar. Aunque no hubo polvete, sí, charcos y más charcos, así que yo estaba  de todo menos preocupá por la falta de fornicio. O quizás sí, porque se ve que para celebrar mi último fin de por tierras asiáticas, me pillé una borrachera monumental en la que me acerqué al colombiano, le agarré el culo y le solté una burrada. ¿Cuál? No me la ha querido decir, pero dice que le sorprendió/asustó mi sinceridad y poca vergüenza. Asumo que si no alabé su culazo, fueron sus manos “sacacharcos”, o le dije que me quedé con ganas de que me empotrara.

Teniendo en cuenta que viene de Colombia, donde el reggaeton es el pan de cada día,  y debería estar acostumbrado  a  escuchar todo tipo de proposiciones indecentes, tuve que ser muy pero que muy burra.

Nunca lo sabré.

ACLARACIÓN:  El día de mi  pérdida de dignidad vergüenza no acabamos juntos porque él ya estaba dándolo todo en la discoteca con una belga y yo, (no te creas que soy tan pringada) con un italiano cuyo pene sí cooperó.

El pene asiático

Se me acaban los días en Asia, y con ello, las posibilidades de tener tan a mano hombres de los dos continentes que me faltaban: Oceanía y Asia. Si hay algo hay en Malasia son penes asiáticos y unos cuantos australianos. Así que decidí darle al Tinder (cada vez menos efectivo) y retomar las conversaciones con todo malayo guapo que había encontrado mientras intentaba hacer match con algún australiano cachondo.

Finalmente, mi búsqueda desesperada tuvo éxito y quedé con un malayo guapo que había conocido hace tres meses  pero del que no volví a saber nada. Por aquél entonces tenía otros penes y no le hice mucho caso, pero ayer era el único pene asiático que parecía interesado en mí. ACLARACIÓN: no es el famoso ““malayo guapo” con el que llevo meses intentando quedar sin éxito (está en la selección de waterpolo y se ve que no tiene tiempo) sino uno de veintimuchos muy atractivo, con genes italianos, con sonrisa bonita y labios carnosos. Tenía buena pinta pero resultó ser el polvo más surrealista de mi existencia.

Ya empezó mal porque desde que me preguntó si vivía sola y podía visitarme me estuvo mareando dos horas. Que sí voy, que si no puedo, que si mándame foto de ahora mismo, que si ahora una foto de tu pijama, que si que sí voy, que ahora no, que si tu calle es segura (hijo mío, voy de noche, sola, borracha, en minifalda y  saludando  a los locales y sigo viva), que si no hay problema en venir, que si le voy a besar si viene, que si está de camino, que si al final no puede, que si está en la puerta.

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De normal le hubiera dicho “mira mareas a tu abuela yo me voy a dormir” pero me pudo la curiosidad de probar rollito de primavera. Ante este panorama no me acababa de fiar de que fuera a venir, por lo que al final me tocó adecentarme en tiempo express (accidente con la cuchilla incluido).

Al final, apareció con su chófer en la puerta, el tío resultó ser muy mono en persona, bajito pero estaba fuerte (bueno, eso parecía porque en todo el acto sexual no se quitó la camisa).

En verdad la situación era muy violenta, no nos conocíamos de nada y le estaba llevando a mi habitación. El malayo estaba híper nervioso y no hacía más que pedirme permiso para todo, que si puedo fumar, que si puedo quitarme los zapatos, que si puedo mear, que si puedo sentarme en la cama, todo acompañado de una risita tonta nerviosa. Empezamos a hablar y me preguntó que cuántos asiáticos había conocido, le dije que era el primero y se puso más nervioso. Según él, el llevaba ya tres extranjeras pero trabajaba mucho y no tenía mucho tiempo para quedar con nuevas. Todo era muy frío y de repente me soltó que si le iba a besar, pero no en plan sugerente sino en plan formalismo total (¡¿desde cuándo se preguntan estas cosas!?).Y ahí empezaron las negociaciones (muy típicas, hombre).

  • Malayo:  Entonces, ¿luego me vas a besar?
  • Yo: Hombre, también me puedes besar tú.
  • Malayo: (se pone nervioso) Mmm, vale. Entonces, ¿si te beso qué consigo? (ACLARACIÓN: no tenía nada que ver con el tonteo previo a quedar con un tío de tantear la situación, era frío de cojones).
  • Yo: ¿ Qué quieres conseguir? (ACLARACIÓN: Yo, sí lo dije sugerentemente).
  • Malayo: (se lo piensa) Vale, ¿una mamada te parece bien?
  • Yo: Puede… (intentaba seguir de sugerente , pero el tío era frío y rancio como él solo).
  • Malayo: Vale, ¿y tú que vas a querer a cambio? (Repito, todo súper frío, como quien cierra un trato comercial).
  • Yo: Bueno, yo quiero lo mismo.
  • Malayo: ¿Lo mismo? ¿El qué?
  • Yo: Mmm, como una mamada pero en chica, no sé el equivalente de blowjob
  • Malayo:  ¿El qué?
  • Yo: Que tú también me comas ahí abajo, no sé decirlo en inglés, el blowjob a una chica (muy normal todo, lo sé).
  • Malayo: Ah, ya sé qué dices. Yo tampoco sé la palabra en ingles ¿Blowfish? (?¿?¿?)
  • Yo: No sé, puede. Da igual. (¿En serio? ¿En serio hace falta discutir esto ahora teniéndole a diez centímetros de mí en la cama? ¿De verdad es necesario hablar de peces globo un domingo a la una de mañana?)giphy (7)
  • Malayo: Bueno vale, está bien. Entonces, ¿nos besamos ya? (Parece que  ya se habían cerrado las negociaciones prepolvo).

Me acercó a él, le entra la risa nerviosa, pero se decide y me mete el morro. Le costó, pero el chico besaba bien. A los dos segundos de reloj tenía su mano en mi teta, a los 10 segundos (juro que no estoy exagerando) su otra mano dentro de mis pantalones. El ansiado lo hacía bien, hubiera agradecido que se esperaba al menos un minuto en toquetearme pero al menos tenía arte haciéndolo. Precoz él, no habían pasado ni dos minutos cuando se separó de mí, y me dijo (con la misma frialdad que cuando lo estaba negociando) que si ahora podía tener su mamada y luego ya follábamos. ¿De verdad hace falta discutir esto?

Se ve que tenía prisa el muchacho porque no llevaba ni cuarenta segundos comiéndosela cuando decidió que era el momento de ponerse el condón. Bueno, obviamente, como no podía ser de otra manera, me preguntó antes. Asumí que me tocaría acabar de desnudarme yo solita mientras él se ponía el condón. Desgraciadamente, tenía la misma prisa para todo y no tardó ni un minuto y medio en correrse (una pena, porque el malayo lo hacía bastante bien). Me pidió permiso para limpiarse, empezó a vestirse y me preguntó si me había corrido.

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Pues hijo mío, como que en estos cuatro minutos y medio que han pasado desde que me has besado hasta que te has corrido como que no me ha dado tiempo. Me pidió perdón, que se sentía muy culpable ahora, que lo sentía mucho decía el tío ansias .EN FIN.

PD: Tranquilidad, que no cunda el pánico que no te voy a dejar con la duda de saber si lo que dicen de los micro penes asiáticos es verdad. Éste no iba mal dotado, no era grande, pero tampoco  súper enana, larga pero tirando a fina sin llegar a “pene lápiz” y la sabía usar (al menos durante 90 segundos).

 

 

De cómo evolucioné en aspersor

Eyaculación femenina, squirting, aquaplaning o, como me gusta llamarlo a mí , “el charco”. Sí, soy de las afortunadas (o desafortunadas) que saben lo que es crear una fuente entre sus piernas.

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Me costó casi 23 años descubrir que tengo el don de la inundación. En este caso, el descubridor, el Cristóbal Colón de los súper orgasmos, fue Yogurin. Tiene cojones, que tuvo que venir alguien más inocente y menos experimentado a mostrarme lo que mi cuerpo puede hacer.

Allí estábamos, la primera noche que quedamos, en su cama cuando empezó a tocarme, a tocarme bien, muy bien, DEMASIADO BIEN. Menudo ojo había tenido con este Polvazo a primera vista.

Empecé a disfrutar más que en mis mejores polvos (más que en todos juntos).Y de repente, pasó. Sentí que me estaba corriendo como nunca. ¿Me habría meado? No joder, ¿cómo me voy a mear? Él lo estaba flipando, estaba asustado. ” Ay, joder que me he meado”

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¿Cómo me va a dar tanto gusto haberme meado encima? No, no.  Es una súper corrida y ya está. ¿Y ya está? Qué cojones. Quiero más.

Afortunadamente, a Yogurín le gustaba hasta casi más que a mí, así que seguía y seguía. Resultado: Nórdico, sábanas, cubre-colchón y colchón calado. Palabrita del  niño Jesús. Con este, no ganaba para sábanas. Más de una vez, me tocó mendigar una cama a mis compañeros de piso por no morir de neumonía al intentar dormir en mi cama empapada.

Que vale que me encantaba, que me volvía loca, que eso era placer máximo, que salía de este mundo y volvía en cada toqueteo, y que eso era una FIESTA pero también era peligroso.

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Podría haber muerto deshidratada (hacer 15 charcos en un día no puede ser sano). Es más, una vez, estuve al borde de la muerte. Estaba Yogu tocándome enfrente del espejo, de pie, cuando hice, para no variar, un charco que ni el de después de tirar el quinto cubata de la noche al suelo. Cuando me dispuse a ponerme de rodillas, en un acto de agradecimiento al “Descubridor”, vi pasar mi vida por delante, me resbalé con mi propia corrida y casi me abro la cabeza. Una muerte digna de admirar, a ver cómo le explicas a mi familia que me han encontrado muerta y desnuda por resbalarme con mis propios fluidos. Hubiera muerto feliz, eso sí.

Pero,  el gran problema de ser una mujer-aspersor no es no ganar para sábanas, no. No es, tener que pasar la fregona tras cada visita o quedarte sin agua en el cuerpo. El BIG PROBLEM es que sabes que puedes hacerlo. Y esto, señores, es una gran maldición. Sabes que puedes llegar al éxtasis máximo, sabes que puedes correrte como si no hubiera un mañana, sabes que puedes inundar el salón si te pones, pero no lo haces, y eso crea frustración. Tú estás ahí con un cachondo dándolo todo, y el tío folla bien, te toca bien, te lo  (¡Oh, Milagro!) come bien, pero te corres a secas, quizás te corres unas cuantas veces, pero no tienes tu charco, y tú sabes que podrías tenerlo.

Así, decidí añadir a mi  (extensa) lista de requisitos para un potencial novio que supiera provocarme charcos. Como era de esperar, me pase la lista por el forro, y así pasó. Yo quería a mi ex novio, era me parecía el hombre de mi vida, disfrutaba con él. No lo hacía mal, pero no sabía hacerme charcos y me empecé a rallar, ¿podría pasar toda mi vida sin volver a experimentar ese increíble placer? Nunca lo sabré.  Yogu ahora está a trece mil km de distancia y ya llevo casi un año sin hacer mis charquitos, así que se ve que va a ser que una vida sin charcos es posible. Una vida triste y seca.

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Aclaración: Hasta el momento, sólo dos chicos /hombres/ manos mágicas han conseguido sacar el aspersor que llevo dentro.